El ajedrez o la libertad de pensar

Por Diego Adla, coordinador de programas en la Asociación Ajedrez Saludable

Hace unos meses fui amablemente invitado por Juan Montero a dar una simultánea de ajedrez y una charla sobre estrategia y táctica en la cárcel de Badajoz.  Este escrito pretende dar un testimonio subjetivo sobre el evento en la esperanza de transmitir las emociones del mismo. Acepté la invitación y acudí con ilusión aunque con cierto desconocimiento de la realidad que allí viven los internos.

Debo reconocer que, antes de llegar a la sala donde se produciría el encuentro, la puesta en escena de los varios controles que hay que pasar antes de llegar al módulo correspondiente más la singular arquitectura de la cárcel me habían impresionado y estaba sumido en el desconcierto y el nerviosismo.  En esos momentos me ayudó ver  la naturalidad que mostraban mis acompañantes que saludaban cordialmente a quiénes se encontraban por el camino. Al fin, llegamos a la sala dónde debíamos realizar la actividad donde nos esperaban una pizarra, mesas, sillas y juegos de ajedrez. Los guardias acercaron a los internos seleccionados para la ocasión.

Luego de los saludos y presentaciones protocolarias, todos nos acomodamos en nuestros lugares mientras el monitor escribía en la pizarra los temas a tratar, destacando la planificación estratégica como hilo conductor. La charla comenzó suavemente con algunas reflexiones generales sobre estrategia y táctica del ajedrez.  Tras el intercambio de algunas impresiones, expuse la diferencia entre estos elementos según mi punto de vista utilizando algunas metáforas de la vida cotidiana como herramienta comparativa. Todos escucharon con respeto y atención. Gracias a ellos, desaparecieron el desconcierto y el nerviosismo. El turno de preguntas y respuestas se transformó en una animada conversación sobre los matices y diferencias de opinión sobre el tema tratado. Un cierto clima tertuliano permitió aflorar  también el sentido del humor de los participantes lo cual no trivializó la situación al estilo de las tertulias televisivas de moda, al contrario, parecía que entre bromas germinaban ciertas preocupaciones fundamentales que denotaban la libertad en el pensar que todos estábamos experimentando.

Sentí, o al menos así lo creí, que todos compartíamos esa sensación. Al cabo de un rato que se hizo corto, pasamos a jugar la simultánea, donde cinco de los internos se animaron a participar. La lucha fue muy interesante, todos tenían un nivel aceptable y un par de ellos algo más, por lo que tuve que superar momentos difíciles antes de ganar todas las partidas. El análisis posterior resultó instructivo, en dos partidas tuve que sortear hábiles celadas de mis oponentes para evitar perder o ceder unas tablas por jaque perpetuo. Esto nos instaló nuevamente en el debate sobre la táctica, estrategia y  las metáforas comparativas, sin duda un campo muy rico en posibilidades.

El tiempo se acabó, y todos sentimos que la conversación estaba inconclusa. Los internos señalaron  que para ellos es un momento muy agradable el pensar en ajedrez y las resonancias que implica. Algunos relataron cómo conocieron el ajedrez de mayores y lamentaron el no haberlo conocido antes. Por cierto, este argumento se repite en distintos ámbitos. Personalmente, salí del centro satisfecho por lo realizado y movilizado a trabajar más en el amplio abanico en que permite movernos el ajedrez con sus infinitas posibilidades, no sólo en el propio juego sino también en sus innumerables aplicaciones que nos invitan permanentemente a pensar en libertad.

Nota: Este artículo se publicó en la revista Ajedrez social y terapéutico, que edita el Club Chess Magic de Extremadura.

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